La oración
Orar es pedir al Universo con sentimiento; no es más que Ley de la Atracción. Pide lo que deseas como una plegaria, en voz alta y clara si puedes. Pero no la recites solo de forma mental: no se puede rezar mentalmente, como un loro, porque no sirve de nada. Para rezar bien debes sentirlo. No debes utilizar la energía de tu mente, sino la energía de tu alma.
Por lo tanto, no funciona rezar:
- De forma mental, como una costumbre o una rutina.
- No puede ser un simple deseo o una forma de intentar escapar de lo que está manifestado en tu realidad y te gusta. No puedes huir de tus lecciones.
- No pidas constantemente que Dios quite de tu vida lo que no te gusta. Si está ahí, es por alguna razón. Tampoco pidas a Dios que haga las cosas que debes hacer tú. Dios es el creador del Universo, no está para hacer tus tareas.
- Lo que piensas es una energía que se puede materializar; no sirve pensar una cosa y rezar otra. En lugar de rezar tanto para expresar tus deseos, debes aprender a observar tu mente, tus pensamientos, tus deseos, tus comportamientos.
En cambio, debes rezar:
- En estado de meditación o conexión presente.
- Debes creértelo con todo tu cuerpo. Con el máximo sentimiento y la máxima concentración. Tus chakras emanan al Universo tus sentimientos en forma de ondas energéticas. En vez de rezar tanto de forma mental, cuida tus sentimientos ya que es la energía que recibe tu guía. La diferencia entre el pensamiento y el sentimiento es que el primero reside en la mente y el segundo en el corazón.
- En el corazón -residencia del alma- está la profundidad espiritual de una persona. Si liberas los sentimientos desde aquí, sabes cómo y cuando conectarte con Dios.
Cómo entrar en esa frecuencia del corazón
Toda energía interna que se mueva por los canales incorrectos crean obstáculos. Todo aquello que no se reconoce y fermenta en el inconsciente, puede convertirse en un obstáculo. Siempre que tengas dificultades para entrar en sintonía con la vibración adecuada, siempre que intuyas una resistencia, puedes estar seguro de que hay bloqueos no reconocidos en tu alma.
El autoconocimiento honesto sirve para poner conciencia en tu inconsciente. Pulir tus bloqueos de forma honesta, eleva al alma. No sirve de nada ponerse una máscara de “mira lo bueno que soy” si luego tus pensamientos no son puros. Debes ser dueño de ti mismo.
En este “Viaje hacia Atman” debes avanzar para conocer las energías puras e impuras que habitan en tu interior. Esto es un camino muy largo, laborioso y nada fácil, pero es el camino. Si obras -y piensas- de corazón recibirás la ayuda del Universo; si obras desde la mente, tendrás la ayuda del miedo.
Padre Nuestro
Vamos a desscifrar el significado de la oración “Padre Nuestro”. Cada uno debe profundizar en esta oración en función de su momento presente o de la evolución de su alma, porque hay varias maneras de encontrarle el sentido correcto, ya que todo está contenido en ella.
Esta oración fue creada en Arameo, el idioma de Jesús. En arameo, cada palabra puede evocar toda una familia de imágenes y matices.
Esta es la versión en Arameo:
Abbá
Deb bashmaia
Jit cuaddás semác
Teté malcutác
Nehbe tzevianac aicanna deb bashmania afbarja
Hab lán lahma desúncuanan iaomana
Usheboc lán hobénan bacta hain aicanna daf knan ahbócuan lehaj jabénan
Bela ta elínnan lenisjón ela patzan min bisha
Amein.
Esta es una posible traducción:
Padre Nuestro
Que estás en el cielo
Santificado sea tu nombre
Que venga tu reino
Así en la tierra como en el cielo
Danos hoy nuestro pan de cada día
Y perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal
Amén
Padre nuestro
Padre Nuestro es el aliento creador de todo lo que está materializado. “Abbá” puede traducirse como Padre, pero puede ser interpretado como Creador: el aliento divino -o espíritu o energía pura- fluyendo de la unidad, creando toda la diversidad de formas.
Pero esta energía también es creadora de las cosas y las personas que no te son afines. Las personas que no te gustan, las que no te importan o hacia las que sientes resistencia.
Entra en tu silencio y reflexiona en esto: esas personas también son los hijos de Dios. Ya hemos hablado sobre el Amor Real, la energía que todo lo une. Cuando logres comprenderlo, tu actitud -y por lo tanto sus sentimientos- también sufrirán un cambio sutil, y te sentirán más relajado y libre.
Sé que no es sencillo y que puede provocar resistencias, porque los sentimientos no siempre están dispuestos a aceptar a todas las personas. Siempre que hay un nudo interno cuando pensamos en alguien. Pero precisamente eso es lo que debemos transcender: el viaje hacia la unidad pasa por esta fase.
Evita concentrarte en lo que te molesta de las otras personas y trata de reconocer que son tan divinas como tu, solo que vibrando en una frecuencia diferente.
Si albergas sentimientos negativos, algo debe de haber dentro de ti que aún no está resuelto. Después de esta percepción interna surge la voluntad de liberar lo que está atrapado dentro de ti. Si pides y deseas liberar ese bloqueo, de pronto, mientras meditas sobre el significado de la unidad, puede que sientas cómo se libera una presión de tu pecho.
Que estás en el cielo
Estás dentro del cielo, no fuera de él. Por lo tanto, no intentes conectar con algo muy lejano, porque forma parte de ti: solo debes respirarlo con conciencia.
Si el cielo -o el Universo- es el lugar donde reside una energía más sana, armónica y de mayor vibración, también puedes nutrirte de ella a través de la respiración consciente. Porque en realidad, estás hecho de esa misma energía, solo que ha perdido armonía a causa de los bloqueos terrenales.
También puedes buscar el cielo dentro de las demás personas cuando interactúas con ellas. De alma a alma.
“Deb bashmaia” a veces se entiende como una energía de luz expandiéndose por todas partes. Dios es omnipresente.
Santificado sea tu nombre
Santificar significa vivir bajo sus enseñanzas, comprender sus leyes y vivir de acuerdo con ellas.
Cuando te sientes confundido o atrapado por los problemas de tu vida, significa que no estás aplicando alguna ley Universal. Debes preguntarte: ¿Dónde están mis dificultades?, ¿cuáles son mis problemas? Debo de estar violando una ley espiritual, aunque sea inconscientemente, pero ya no quiero hacerlo”.
Puedes pedir ayuda, pero el trabajo lo debes hacer tu. Cuando contemples el origen de tus problemas desde el corazón -no desde la mente ni desde el sufrimiento- verás el camino con más claridad.
Las respuestas a veces son inmediatas y a veces no, pero si estás alerta, el Universo siempre propone cuando estás preparado.
Sé más humilde y deja un espacio para escuchar al alma. Así nos liberamos de limitaciones para que la energía fluya sin bloqueos.
Venga a nosotros tu reino
El reino de Dios viene a nosotros siempre, porque ya está en tu interior. Tu estás formado de su esencia; es tu creador a partir de su energía. En realidad, lo que necesitamos que vuelva es la armonía que hemos perdido por vivir enfocados en la vibración terrenal. Esa armonía regresa cuando te focalizas hacia las leyes Universales.
Esta parte de la oración nos invita a caminar por la vida conectados al Universo -siguiendo sus leyes- para gestionar las dificultades con creatividad y con la conciencia suficiente. Pero estar consciente debes hacerlo tú. Dios marca el camino, pero el conductor eres tú.
En esta parte vemos de forma muy clara que el Universo puede hacernos de guía -como un GPS- pero tú decides por donde circulas y con qué nivel de conciencia.
Hágase tu voluntad
¿Y cuál es tu voluntad? Eso también está instalado en tu “software”. Tu alma lo sabe. Ya hemos hablado de ella y espero no repetirme demasiado, pero si mi alma lo sabe, ¿no será que tengo que hacer más caso a mi corazón que a mi mente?
La mente siempre sopesa todas las opciones: ir o quedarte, hacerlo o no hacerlo, decirlo o callarlo… y se pierde en miles de razonamientos basados en tu información almacenada. Pero en el corazón reside la respuesta.
¿No será eso mismo la voluntad de Dios? ¿Aprender a escuchar a tu cuerpo en vez de buscar tanto con tu mente? Quizás el camino del alma no es el más sencillo, porque sabe cuáles son los aprendizajes que debes superar, sabe los peldaños que debes subir. Esos peldaños van apareciendo en tu realidad, pero la mente, con sus miedos y sus placeres terrenales, nos tienta a escoger caminos más sencillos.
¿Por qué creemos que las opciones de la mente son las más sencillas? Porque la mente sabe que tenemos emociones que los alteran, sentimientos que nos hacen sufrir, y para protegerse escoge el menos doloroso en función de su limitada experiencia.
Por eso el Tao dice: “Si etiquetas, sufrirás”. Porque debes vivir y experimentar lo que Dios pone delantede ti, porque se aprende a través de la experiencia vivida. Si lo etiquetas de “malo para ti” -lo que no te gusta, lo que te altera, lo difícil- generas resistencia y sufrimiento. Entonces dudamos de la espiritualidad cuando en realidad, son las experiencias y las decisiones humanas las que te han llevado por ese camino.
Siempre que aparezca un sentimiento de pesadez, de enfado, de resistencia, de miedo o cualquier desarmonía, es el indicador de que algo en ti no está del todo bien. De lo contrario, no habría tanta oscuridad en algunas de las situaciones de tu vida.
Si te esfuerzas en buscar las respuestas en tu corazón, aunque éstas tarden en llegar, acabarás recibiéndolas tarde o temprano. Cuando ores, pidas o medites por la respuesta, esta llegará. Quizás no de inmediato, quizás tarde, pero llegará.
Hacerle caso ya es otra cuestión, porque que quizás no es la que esperabas ni la más cómoda. No le tengas miedo: la voluntad de Dios siempre es sabia y está llena de Amor Real, aunque ahora seas incapaz de verlo.
Entonces, antes de pedir, tengo que preguntarme: “¿Estoy dispuesto a hacer la voluntad de Dios, aunque no me guste?”
Así en la tierra como en el cielo
¿Qué es el Cielo? ¿Qué es la Tierra? ¿No es un poco tonto que los seres humanos recemos para se haga la voluntad de Dios en el Cielo -que para algunos está en algún lugar lejano- y en la Tierra, cuando todo forma parte de su creación? Es decir, si Dios lo crea todo, ¿no será que ya lo crea según su voluntad?
¿Te crees tan importante como para influir en la voluntad de Dios? Claro que no. Como hemos visto, podemos pedir ayuda para estar más conscientes, más presentes, para tomar decisiones desde el alma y no desde la mente. Pero la voluntad de Dios siempre se cumple, aunque no te guste, aunque no la entiendas.
El Cielo está aquí, dentro de ti. Dios ya se manifiesta en cada detalle de tu vida, tanto en lo espiritual como en lo terrenal, porque es omnipresente. Sólo debes aprender a derribar los muros que no te dejan ver al alma.
¿Crees que ya eres “espiritual”? ¿Hasta qué punto es una realidad en tu vida? Trata de imaginar esto: si se te pidiera aprender el desapego, si tuvieras que renunciar a algo o alguien a lo que se aferras, ¿estarías dispuesto a soltarlo? ¿O intentarías autoconvencerte de lo contrario por miedo? Al final el apego es el miedo a perder algo que no es “tuyo”.
¿Qué es más importante: la verdad o una creencia a la que te apegas?. ¿No crees que Dios lo sabe? Pero primero tienes que estar dispuesto a soltar, y esto no es para nada sencillo.
Siempre que sientas una rigidez o una tensión -aunque para la mente sea correcto- impides que el Universo te guíe por el camino que realmente necesitas. Cuando las formas del pensamiento son falsas, el Universo no puede rescatarte, porque por mucho que te guíe, escogerás la otra salida.
Resumiendo, la frase significa: «Que cada una de mis acciones esté en armonía con los aprendizajes de mi Ser y de acuerdo con las leyes del Universo».
En esencia, oramos para que todo lo que hagamos sea un acto para el aprendizaje de nuestra alma. Pero ¿cómo puede serlo, si en lugar de hacerle caso, escuchamos a la mente?
Danos hoy nuestro pan de cada día
También esta frase se repite de forma mecánica, sin otorgarle el verdadero significado. Mucha gente supone que ganarse el pan de cada día no tiene nada que ver con Dios.
Sin embargo, una persona “despierta” puede ver con cierta claridad, qué decisiones estaban en el camino correcto y cuáles no. Entonces se pregunta: “¿En qué fallo repetidamente? ¿En qué áreas siempre tengo problemas? ¿Cuál es la razón verdadera de esto que me ocurre? ¿Dónde me equivoqué? ¿Dónde me resisto? ¿Qué cosas o situaciones o personas no quiero o no puedo soltar?” Piensa en ello.
En arameo, la palabra lachma (pan) se relaciona directamente con la palabra hochma (sabiduría).
El pan es alimento para el cuerpo material, así como la sabiduría es el alimento para el alma. No sólo es alimento aquello que se ingiere por la boca, sino también aquello que captan nuestros órganos sensoriales y nuestro campo bioenergético.
¿Estás dispuesto a dejarte guiar para ganar tu pan, tanto terrenal como espiritual?. El pan espiritual está muy descuidado. En algunos niveles de evolución, la espiritualidad es menos importante que el pan material. Pero ha medida que vamos subiendo escalones, cada vez resulta más esencial.
La lástima es que a veces se hace como huida del plano material -que genera sufrimiento-, o incluso por modas o por quedar bien.
El pan espiritual no es más sencillo que el terrenal. A veces toca trabajar el desapego, a veces es como un pirámide: cuanto más arriba estás, menos gente a tu lado-. En ocasiones te sentirás solo o incomprendido. Pero es el precio de la evolución.
El pan espiritual es el más importante, pero debe darse ene el momento correcto, no existen los atajos. Quien anhela de verdad el pan espiritual en su corazón, ya ha alcanzado cierto nivel en el “Viaje Hacia Atman”.
Perdona nuestras ofensas
“Nuestras ofensas”, no sólo las mías. Esto incluye a todos los seres humanos, incluso a aquellos te han molestado y a quienes quizás no puedas perdonar por completo.
A veces el perdón es para uno mismo. Cuando perdonas, te liberas de la energía densa que puede generar malestar o incluso odio. Esta energía reside en ti y puede bloquearte.
Con frecuencia no tenemos la percepción de nuestra propia actitud en un conflicto. Seguramente, parte de ese conflicto también ha sido creado por ti, aunque siempre culpemos al otro. Los humanos tendemos a producir sentimientos de culpa falsos, malsanos o exagerados, que en realidad no están justificados. Pedir perdón, tanto para ti como para los demás, ayuda a puedas perdonar de verdad y liberarte de esa presión.
Al final, el perdón no es más que la aceptación de que cada persona entiende las cosas desde diferentes puntos de vista, y todos con correctos o tener parte de razón.
Culpar a los demás y no ver tu propia implicación es creerse mejor que el otro; es un acto profundamente egocéntrico. El alma nos conduce a reconocer nuestra parte de responsabilidad dentro de una situación, pero la mente interfiere con el orgullo e incluso con miedo. Reconocer tu parte de culpa puede interpretarse como debilidad, cuando en realidad es todo lo contrario.
Cuando dices: “Asumo una parte de culpa, pero me provocaste…”, no es un arrepentimiento real, es una culpa falsa o enmascarada. La experiencia de quienes recorren el sendero espiritual, muestra que las personas que reconocen su culpa real, se sienten automáticamente aliviados y en paz, porque la verdad siempre trae liberación.
Solo el hecho de plantearte abrirte para soltar resistencias ya es un paso importante, porque no es nada fácil. La mente es muy rápida y muy creativa a la hora de buscar excusas para todo, también por exculparse. Se puede crear un círculo vicioso cada vez mayor, hasta llegar un momento que es imposible volver a la realidad.
Las personas que siempre ven la culpa en los demás, sufren una presión interna muy opresora. Sienten tristeza y permanecen en una lucha constante.
Sólo si estás dispuesto a ser muy honesto, liberándote de toda trampa del ego, podrás atravesar todas las capas del autoengaño y reconocer la culpa real. Observa qué leyes Universales has quebrantado. Solo aquel que se libera interiormente de esa manera, puede perdonar totalmente a los demás.
Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
Seguimos en la misma línea. Cuántas personas dicen esta oración sin tener la menor intención de perdonar verdaderamente: es una forma de autoengaño. “No sé porque sigue enfadado, si yo ya lo perdoné” ¿Seguro? ¿No falta algo en esta frase? ¿No falta la parte de: “yo asumo mi parte del conflicto”?.
Aunque no quede odio, puede que todavía exista resentimiento. Mientras no se libera toda la energía pesada o densa, no se puede encontrar la paz total. Siempre habrá algo de tensión. No pasa nada cuando se trata de un caso aislado, pero cuando se van acumulando situaciones, la tensión va en aumento. Esa presión interna que sentimos fruto de la acumulación es complicada de gestionar, porque a menudo no recordamos con claridad todos los orígenes que la causaron. Es el resultado de pequeñas tensiones no digeridas. Soltar sin poner nombres, soltar sin etiquetar, es la única solución.
Muchas de estas tensiones que acumulamos, no las tendríamos si fuéramos capaces de ponernos en el lugar del otro. Si intentásemos comprender su punto de vista. O como mínimo, saber que cada uno ve su realidad desde su propia perspectiva, aunque nosotros no la compartamos.
Condúcenos en nuestras tentaciones
Generalmente se dice “No permitas que caigamos en tentación”. Estas palabras dan lugar a interpretaciones erróneas, porque parecen insinuar que Dios puede permitirnos caer en tentación. En realidad, el significado es que Dios te guíe cuando se presenten las tentaciones, para que tengas la claridad necesaria para decidir.
¿Y qué es la tentación? La tentación está dentro de ti. Si, ya sé que respondemos a los estímulos de los sentidos, pero aún así, no caerías en una tentación si algo dentro de ti no fuera receptivo a ella. Por ejemplo:
- ¿Podrías sentir la tentación de asesinar? Espero que no.
- ¿Podrías caer la tentación de robar? Por ejemplo, quedarte con el cambio cuando el cajero se equivoca.
- ¿Podrías caer la tentación de aprovecharte de alguien?
Lo importante es que te des cuenta de que puedes ser tentado de muchas maneras y que, si caes en la tentación, no culpes al otro por tentarte. La opción de escoger está en ti. Ningún demonio, ningún Satanás, podría tentarte si no hubiera algo en ti que respondiera a esa llamada.
Mas líbranos de todo mal
En línea con el texto anterior, si obras mal es porque el “mal” está en ti.
Necesitas voluntad para ir puliendo tu alma. No es sencillo, no es a corto plazo. Es un trabajo constante a lo largo de varias vidas y muchas experiencias. Pero a medida que evolucionas, cada vez te sentirás más ligero, con menos tensiones internas.
Debes enfocar el problema por ambos lados: el tuyo y el de tu entorno. Por eso vivimos en sociedad, para poder trabajar estos aspectos. Si vivieras tú solo en un monte, ¿como trabajarías estos aspectos?
Pues tuyo es el reino
El reino de Dios está dentro de ti, pero eso ya lo sabes.
Amén
Amén representa la vibración del Espíritu Santo o conciencia de Dios. Es la vibración cósmica de Dios: la energía o el pensamiento manifestado, el poder de la creación a partir de la cual se manifiestan todas las cosas.
En ciertos textos se describe como “la voz que salía del Cielo”. Por lo tanto, cuando pronunciamos Amén, es ser conscientes de la energía creadora de Dios.
Amén!